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En 2001 la actividad económica del Istmo Centroamericano registró una considerable desaceleración, fundamentalmente por efecto del severo debilitamiento de la demanda externa, aunque también influyeron factores de carácter interno. El producto interno bruto (PIB) creció 1.3%, frente al 2.7% del año previo, a raíz de que se redujo de manera generalizada el ritmo de actividad en todos los países, en lo que destacó el virtual estancamiento de Costa Rica y Panamá. De esta manera, el producto por habitante de la región retrocedió 1%, resultado que se sumó al magro aumento de 2000. La adversa coyuntura económica exacerbó ciertos problemas estructurales que padecen los países de la región. El debilitamiento del crecimiento contribuyó a agudizar la frágil situación fiscal y a acentuar la vulnerabilidad de las instituciones financieras, en especial las bancarias.