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En los últimos diez a quince años, las reformas estructurales implementadas en América Latina y el Caribe han transformado las economías de la región, antes cerradas y dominadas por el Estado, volviéndolas más orientadas al mercado y abiertas al resto del mundo. La expectativa de las autoridades era que estos cambios, unidos a una mayor estabilidad macroeconómica y a un incremento de los gastos destinados al sector social, acelerarían el crecimiento, elevarían la productividad y conducirían a la creación de más empleos y a una mayor equidad. El presente libro es parte de un proyecto de investigadores de nueve países, con el objeto de determinar si esa expectativa se ha cumplido. El presente documento afirma que, si se consideran los promedios regionales agregados, las reformas han tenido efectos muy limitados, lo que no deja de ser sorprendente. En cambio, cuando el análisis se traslada a los planos nacional, sectorial y microeconómico, se observa que los efectos han sido mucho mayores. Las reformas fomentaron la inversión y la modernización pero también se tradujeron en una importante heterogeneidad en términos de desempeño. Esto se refleja en la coexistencia de países con altas y bajas tasas de crecimiento, sectores productivos dinámicos y atrasados y mayores brechas entre empresas grandes y pequeñas, así como una creciente diferencia de ingreso entre quienes tienen una buena educación y el resto de la población. A partir de este diagnóstico, se propone una agenda de políticas para mejorar el desempeño productivo y social de las economías de la región en los próximos años.